Las horas que no apuntas
La segunda visita «de cinco minutos» que fueron cuarenta. El desplazamiento. La hora que echó tu chaval mientras tú estabas en otra obra.
Media hora al día = más de 100 horas al año regaladas.
Para electricistas, fontaneros, climatización y mantenimiento
Las horas que no apuntas. El material que ya llevabas en la furgoneta. El «ya que estás» que hiciste gratis. El parte que se queda sin hacer. La factura que lleva dos meses vencida y no reclamas porque da corte.
Esta app hace una sola cosa: que no se te escape ni un euro de lo que ya has trabajado.
Se abre en otra pestaña. Puedes probarla sin instalar nada y sin dejar tus datos.
Llevas toda la semana currando y ahora toca el papeleo.
Abres el WhatsApp para ver qué le hiciste al del bar el martes. Buscas un albarán que juraría que estaba en la furgoneta. Intentas acordarte de si fueron dos horas o tres, y de si lo del enchufe extra se lo dijiste con precio o sin precio.
Y los partes de trabajo de toda la semana, que hay que pasar a limpio para mandárselos al cliente, a la constructora o al gestor.
Y al final haces la factura a ojo. Tirando por lo bajo, que para pasarse mejor quedarse corto.
Cada semana regalas dinero que ya te habías ganado.
Sin que lo veas. Cinco agujeros que tienen casi todos.
La segunda visita «de cinco minutos» que fueron cuarenta. El desplazamiento. La hora que echó tu chaval mientras tú estabas en otra obra.
Media hora al día = más de 100 horas al año regaladas.
La caja estanca, los metros de tubo, el pequeño material que ya llevabas encima. Como no hay albarán de ese día, no se factura.
No pierdes lo que te costó: pierdes lo que ibas a ganar.
«Ya que estás, ponme otro punto de luz.» Lo haces, porque tú eres así. Y a fin de mes no te acuerdas, o te da apuro meterlo porque no se cerró precio.
El dinero más tonto de perder: te lo pidió el cliente.
Obra acabada hace dos semanas y la factura sin hacer. Si tardas un mes en facturar y el cliente paga a sesenta días…
Echa la cuenta de cuándo ves tú ese dinero.
Porque da corte. Porque no quieres quedar de pesado. Y mientras, el dinero es tuyo pero lo tiene otro.
El que te debe lo sabe: paga antes al que insiste.
Es peor. Es dinero tuyo, de trabajo ya hecho, que se pierde en el camino entre la obra y la factura.
Ahí es donde trabajo yo.
Fíjate en una cosa: no vas a rellenar ni un formulario.
Un botón gordo. Ya está contando el tiempo. Cuando acabas, «Terminar». Las horas, apuntadas solas.
Como un audio de WhatsApp a un colega. Con las manos sucias y sin quitarte los guantes:
«Hemos estado Pedro y yo de nueve a doce, más media hora de desplazamiento. Doscientos metros de manguera y tres cajas estancas.»
Y te lo devuelve ordenado: las horas de cada uno, el desplazamiento, el material.
Tú confirmas con un toque. No se guarda nada que tú no apruebes.
Lo dictas ahí mismo — «extra: punto de luz en la cocina, unos 120 euros» — y al cliente le llega al móvil para que lo apruebe con el dedo.
Diez segundos. Y ese extra ya no se pierde: queda con precio y aprobado por escrito.
El papel que rellenas todos los días —o que dejas para el domingo— ya está hecho con lo que has dictado: horas, material, extras y las fotos de antes y después. Le das la vuelta al móvil, el cliente firma con el dedo y le llega su copia en PDF al momento.
El día que te digan «eso ya estaba roto»: foto, firma y se acabó la conversación.
Lo que hoy te impide cobrar: el extra sin aprobar, el material sin precio, la obra terminada sin facturar, la factura vencida.
El trabajo que puedes ganar: la revisión que toca este mes y el presupuesto que nadie te ha contestado.
El parte es lo que más haces y lo que menos apetece: uno por trabajo, todos los días. Aquí sale solo con lo que has dictado, con tu logo, firmado con el dedo y con las fotos.
Se lo mandas por WhatsApp al cliente, a la constructora o al gestor antes de arrancar la furgoneta. Y un parte firmado es una factura que nadie discute.
Botón «Reclamar» y se abre el WhatsApp con el mensaje ya escrito, educado y profesional. Tú solo le das a enviar.
Y el tono sube solo: amable la primera semana, serio a las dos, y al mes ya menciona los intereses que la ley te ampara a cobrar.
Los dictas igual: «diez puntos de luz, un cuadro nuevo y dos días de trabajo». Y los precios no me los invento yo: son los tuyos.
La app se acuerda de que el punto de luz lo cobras a 28 €, porque es lo que pusiste las últimas catorce veces.
El cliente acepta el presupuesto desde su móvil con el dedo. Y si quieres, con señal: «acepta y paga el 30 %».
Cobras antes de empezar. Y el que paga señal, no se raja.
Lo facturado, lo cobrado, lo que te deben, tu mejor y tu peor obra, y quién es el que más tarda en pagarte.
Con botón de escuchar: te lo lee en el coche camino de la primera obra.
Cada equipo que instalas queda con su ficha: garantía y revisión anual. Y dentro de un año, cuando ni te acuerdes, te avisa.
Un toque y el cliente recibe la propuesta de revisión. Trabajo que te cae sin llamar a puerta fría.
Tus clientes, tus precios, tus márgenes y a quién le compras no los ve nadie. Ni yo.
Y el día que te quieras ir, te los llevas todos. Sin permanencias ni letra pequeña.
Que lo sepas
Viene el Verifactu: va a obligar a facturar con un programa que cumpla. Sociedades en enero de 2027, autónomos en julio de 2027.
Esta app se está construyendo pensando en eso desde el primer día. Cuando llegue la fecha, tú no vas a tener que hacer nada ni enterarte de qué es un Verifactu.
Te lo digo claro: la parte fiscal está en desarrollo, con fecha para llegar de sobra. Hoy la app te prepara la factura; la certificada llega antes de que sea obligatorio. Prefiero decírtelo yo ahora que dártela por hecha.
Te lo digo aquí, sin «consultar precio» ni comerciales llamándote tres veces.
Tú solo, o tú y una persona más
desde 1.990 € + IVA
pago único · te la dejo funcionando
De 3 a 9 trabajadores
Según lo que necesitéis
lo vemos con vuestro caso
Más de 9 trabajadores
Según lo que necesitéis
lo vemos con vuestro caso
Por eso el precio es «desde» y no hay una tarifa igual para todos: no hay dos instaladoras que trabajen igual.
Lo que no necesites, se quita. Si los presupuestos te los pasa la constructora, fuera presupuestos. Si trabajas solo, fuera el control de horas de otros. Menos botones, menos lío.
Lo que te falte, se pone. ¿Que el parte lleve el número de boletín? ¿Que los avisos le lleguen también a la persona que te lleva la oficina? ¿Un tipo de trabajo que solo hacéis vosotros? Se pone.
Tú no te adaptas a la app. La app se adapta a cómo trabajas tú.
La app es tuya. Sin cuota, funciona. La cuota es para el que prefiere que me ocupe yo de que siga al día: los servidores, las copias de seguridad, que la voz te siga entendiendo, soporte cuando llames, y que cuando Hacienda cambie algo — que lo va a cambiar — tú no te enteres.
Empieza en 59 €/mes para un autónomo. A partir de ahí depende de cuántos seáis y de lo que quieras que lleve por ti. Lo vemos juntos, sin sorpresas.
Esto no te tiene que costar dinero: te lo tiene que recuperar.
Por eso no te pido que lo compres a ciegas. Empezamos midiendo: un mes con tus trabajos de verdad. Al final del mes nos sentamos y contamos los euros que han aflorado — extras que se habrían perdido, horas que no se habrían apuntado, facturas cobradas antes.
Con ese número delante hablamos de precio. Si no te compensa de calle, lo dejas y no ha pasado nada.
Perfecto, no te digo que lo quites. Pero una pregunta: ¿tus chavales rellenan el parte con todo? ¿La media hora de más, el material de la furgoneta, el «ya que estás»?
Porque tu programa factura de maravilla… lo que le llega. El agujero no está en tu programa: está en el viaje entre la obra y el programa. Y en eso trabajo yo.
De hecho pueden convivir un mes: tus chavales dictan con lo mío, tu oficina factura con lo tuyo. Y a fin de mes contamos cuántos euros han aparecido.
Enhorabuena, porque serías el primero. Hazme una prueba sin trampa: dime, sin mirar papeles, cuántos «ya que estás» facturasteis el mes pasado. Y cuántas medias horas de desplazamiento.
Si me lo sabes decir, de verdad que no soy tu producto y te dejo en paz.
Los sigues teniendo, que sé que os los piden por todas partes: el cliente, la constructora, el administrador de fincas, el gestor. La diferencia es que no los rellenas: salen solos con lo que has dictado en la obra —horas, material, extras, fotos— y con tu logo.
El cliente firma con el dedo en tu móvil y le llega su copia en PDF al momento. Uno por trabajo, sin pasarlo a limpio el domingo.
Si saben mandar un audio, saben usarla. Cada uno dicta lo suyo y a ti te llega todo junto. De hecho es mejor que la usen ellos: son los que están en la obra cuando pasan las cosas.
Por eso existe esta. No te pide rellenar nada: le hablas. El que te quita tiempo es el papeleo del domingo por la noche.
Y no te la dejo ahí tirada: te la monto yo con tus datos y te acompaño las primeras semanas.
El que no quiere firmar en un móvil tampoco te iba a firmar en papel. Y ese dato también te vale: mejor saberlo antes de empezar la obra que después de terminarla.
Al revés: va a ser el más contento. En vez de una bolsa de tickets y cuatro fotos por WhatsApp, le llega todo ordenado. Te va a preguntar de dónde has sacado esto.
Es que tú ya apuntas. En la cabeza, en el WhatsApp, en una libreta. Lo que pasa es que apuntas en sitios donde luego no lo encuentras.
Aquí apuntas una vez, hablando, y no se pierde. No es trabajo nuevo: es el mismo, hecho una sola vez.
Un ingeniero que lleva años haciendo presupuestos y resolviendo instalaciones con electricistas. He visto de cerca cómo se pierde el dinero en las obras, y he hecho la herramienta que me habría gustado poder darles.
Uno cualquiera, el que tengas a mano. Lo metemos juntos y lo ves funcionando con tus datos, no con una demo bonita.
Veinte minutos. Si al verlo no piensas «esto me hace ganar dinero», me voy y tan amigos.
Y lo que veas no es lo que te llevas: la app se monta a tu medida. Lo que no uses, fuera. Lo que te falte, se pone.
✓ WhatsApp abierto
Revisa el mensaje y pulsa enviar para que pueda llamarte. Ten a mano un trabajo reciente: si puede ser, uno con varios técnicos o con material añadido sobre la marcha.
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